El Inca: a punta de golpes

Toma 1
Daniela Bueno

La actriz Daniela Bueno aprovecha la primera oportunidad para dejar en claro -y con mucho orgullo- el lugar de su nacimiento: Punto Fijo.
Un acompañante afirma con la cabeza y dice.
-¡Claro! ¡Falcón! ¡Coro!
-No, no. Punto Fijo, estado Falcón.
Para la actriz estar en Caracas y haber podido participar en películas como El Malquerido, Maisanta y ahora El Inca, no tiene nada que ver con la suerte.
-He tenido oportunidades que he sabido aprovechar, que las he tomado y que me han costado mucho, a pesar de ser una persona de Punto Fijo por todo este tema de la centralización.
Aunque para bien o para mal, Daniela Bueno es reconocida en la calle por otra cosa.
Es la protagonista del célebre comercial de Banesco, esa en que una chama necesita llegar con urgencia a un lugar y se encuentra con todos los obstáculos posibles, pero que gracias a la ayuda de personas generosas puede llegar a tiempo.
-Mira, yo creo que me conocen por varias razones. Al principio fue por el comercial de Banesco, pero cuando grabé el comercial de Banesco, estaba ya haciendo El Inca, de hecho Ignacio (Castillo, el director) se entera porque sale el comercial a mitad del rodaje. ¿Qué la gente me conoce por eso? ¡Sí! Más por el cabello...
El cabello de Daniela merece un capítulo aparte.
Es una maraña de rizos castaños con personalidad propia que buscan el protagonismo así los veas a metros de distancia, una melena alocada que combina con su personalidad.
Porque Daniela saluda a periodistas, desconocidos y amigos de la misma forma, con un abrazo y con una frase de viejos conocidos.
-¡Hola! ¿Cómo te ha ido?
En la rueda de prensa por El Inca fue la única quien rompió un serio protocolo, a la pregunta sobre si logró conocer a la amante en la vida real del boxeador.
- Con respecto a Wendy lo primero que pregunté es ¿existe? ¿esto es verdad? ¿esto lo escribiste tú? ¿esto lo estás inventando? Ignacio me dijo que si existe pero no se llama Wendy, pero él nunca me quiso decir cómo se llama...y me llama la atención qué esa mujer se siente a ver la película. (Risas)
El director la interrumpe señalando a un punto.
-¡Allá está sentada Daniela!
A lo que el actor Alexander Leterni se une al juego.
-¡Qué pase la amante!
Daniela vuelve al tema sin dejar de reír.
-En serio, me da mucho nervio porque no pude ver ni una foto, no pude ver ni un video y eso que me puse en internet "amante del Inca", "amante de Edwin Valero", "Amante..." Nada....
El director la interrumpe una vez más.
-¿Qué conseguías?
-¡Cualquier otro tipo de cosas! (Risas)

Toma 2
Scarlett Jaimes

Alguien, quizás su manager, algún amigo o ella misma delante del espejo, llegó a la conclusión en que todo estaba en la mirada, que ese era su fuerte, su gancho.
Porque la actriz Scarlett Jaimes sonríe muy poco pero mira mucho.
Sus ojos negros parecen traspasar ropa, piel, tejidos y huesos con el fin de hurgar en tus pensamientos y ahí sí, asomar un mínimo gesto en la boca.
Es un arma que ha sabido usar en películas como La hora cero, Piedra, papel o tíjera, pero con El Inca se convierte en una veterana, esa mirada es parte de su papel como la esposa del boxeador.
-En mi caso la construcción del personaje fue 100% basado en lo que dice el guión, si bien hay muchos mitos que rondan en la historia de nuestros personajes, para nosotros era muy vacío entrarle desde estos mitos, porque no tienen ninguna fuente comprobable, el guión si tiene fuentes comprobables, es el resultado de cinco años de investigación que hizo Ignacio.
Los protagonistas contaban con un guión sólido, pero no así la aprobación de la familia Valera, ni la de Jennifer Viera de Valera.
Tanto el director como la productora negaron toda posibilidad de tener contacto con los familiares, quienes en principio exigían que fuera uno de los hermanos del Inca quien lo interpretara.
La productora no aceptó, y de ahí surgió el lío legal por lo derechos de la historia del Inca, que resultó al final, buenas noticias para la productora.
Con este panorama, Scarlett Jaimes no tuvo más opción que crear de cero el acento andino, la risa, pero en especial la mirada de su personaje.
-Pero...¿No te hizo falta conocer al menos a los familiares de la esposa del Inca?
-Sinceramente...al principio sí. Por todo esto de que está basado en hechos reales. Ale (Alexander Leterni) y yo queríamos agarrar el carro, irnos al Vigia y conocer a toda esta gente pero...¿qué teníamos que ofrecerle? ¡Nada! Lo hablamos con Ignacio, le dije que quería conocer a los niños, hablar con ellos y desde el principio me dijeron que no. Pero a nosotros no nos interesaba contar el cliché, el estereotipo o contar lo que la gente piensa, imagina...¡No! Lo que nos interesa es mostrar alguien humano.


Toma 3
Alexander Leterni
Ignacio Castillo

Bajó 12 kilos, le particieron un diente, a pesar de tener un doble en las peleas de boxeo, Alexander Leterni quedó repleto de morados, pero le queda la satisfacción en el rostro de quitarse la cara de niño bueno a punta de golpes, algunos...de ficción.
- ¡Qué rico para un actor tener un personaje con tantos matices! Con tanta profundidad, además para mí es el primer personaje que interpreto que existió, y que todo el mundo lo conoce o que al menos tiene una idea de quién fue Edwin Valero, y me pareció interesantísimo y agradezco mucho la oportunidad de haberlo hecho.
Desde el momento en que supo que iba a interpretar al Inca Valero, Leterni observó todo el material audiovisual que había sobre el boxeador, mientras se preparaba físicamente.
-Suena raro pero...es una de las cosas más lindas que he podido hacer.
Todos los días el personaje pedía a Alexander más y más, y como todo el peso recaía sobre sus hombros, su mayor preocupación era poder calzar en el verdadero Edwin Valero.
-Entre el Inca y yo hay mucha diferencia desde lo físico, ¡muchas diferencias! Y para mí eso era una tentación, mi primera meta era que tenía que convencer a todo el equipo que estuviera a mi alrededor y si yo los lograba convencer a ellos, yo podía convencer al espectador en la pantalla.
-¿No necesitaste ese contacto con la familia del Inca?
-¡Todo el mundo lo conocía! ¡Todo el mundo tenía algo que decir! Y así pude sacar muchas cosas sobre él...a mí no me hacía falta volverme más loco de lo que estaba en el ensayo.
El director Ignacio Castillo internó a sus actores y al equipo técnico a un proceso de rodaje que duró tres meses, en las que dedicaba días enteros para grabar una sola escena.
Esta obsesión por su película estuvo desde el principio, cuando se dedicó por cinco años a leer, entrevistar e investigar sobre todos los aspectos del boxeador, desde los detalles más intímos hasta su derrumbe.
-Cuando empecé a leer que había ocurrido me dije que aquí había un personaje, empecé a hablar con los managers, con gente cercana...en eso pasaron tres años. La última persona que entrevisté fue a su mamá, que fui al Vigia. La vida de Edwin era muy hermética, él era muy reservado: la gente que lo conocía en Caracas no tenía ni idea de lo que era su vida en Mérida, lo mismo en Los Ángeles. 
Con tantos matices juntos, con un personaje tan conocido, el director se tuvo que enfocar solo en la relación entre el Inca y su esposa. 
-Tenía que dejar muchas cosas por fuera, únicamente por ser leal a la historia, no por temor a contar algo. Cuando quieres contar muchas cosas al final no terminas contando nada...¡Y esto no es un documental!








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